Infiltrados talibanes en Afganistán. ¿Están fallando los servicios de inteligencia?

Publicado: agosto 30, 2010 en Afganistán, España, Estados Unidos

Resulta llamativo lo que está ocurriendo estos días en Afganistán. La semana pasada, un conductor de la policía afgana disparaba una rafaga con un AK-47 en la base española de Qala e Naw, matando a dos guardias civiles que participaban en las labores de formación de agentes afganos. Como se teorizó en un principio, el asesino era un infiltrado de los talibanes y respondía a un plan preparado por la insurgencia. Así lo dejó ver Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, durante la rueda de prensa que ofreció el día del trágico suceso. Y así se confirmó posteriormente, cuando las investigaciones emprendidas por la ISAF descubrieron que el chofer-talibán había sido detenido por vínculos con un grupo extremista un año antes, aunque fue posteriormente puesto en libertad y reclutado por la policía afgana.


¿Existe algun tipo de responsabilidad de los altos mandos militares en estos atentados? ¿Quién reclutó en la policía a una persona detenida por estar relacionada con los talibanes? ¿Acaso el reclutador tiene vínculos con eststos grupos igualmente? Hace unos meses, en noviembre de 2009, asistí a unas jornadas en las que se debatía sobre el papel español en diversas misiones internacionales, como Líbano, Somalia o la propia Afganistán. Allí estaba la creme de la creme de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional: Pocas veces había visto tantas medallas juntas. Pues bien, allí pude conocer a un instructor de la Policía Nacional que había estado unos pocos meses atrás en Afganistán. Me contó muy discretamente, entre saludo y saludo, lo que estaba pasando realmente allí.

Me dijo, literlamente, que la corrupción imperante en Afganistán es absolutamente incontrolable. La provincia de Badghis, donde estamos nosotros, es uno de los principales focos de cultivo de opio, y ya se sabe que donde hay droga hay sobornos. Más de la mitad de los funcionarios públicos de la provincia están ‘comprados’ por las redes de narcotráfico. El problema está en que a estos funcionario “les da igual si eres un narco o si eres un talibán”. En esas circustancias, lograr colarse en las filas de la Policía y disparar a lo primero que se te pase por delante resulta una tarea fácil. No se necesitan apenas dotes de actor.

Lo que me dejó claro es la dificultad para localizar a estos infiltrados. Se sabe que están, pero no se sabe quiénes son, lo que crea un ambiente de intranquilidad y falta de confianza entre afganos e instructores españoles. La labor de los guardias civiles no debería ser localizar a los infiltrados. Esa es tarea de los servicios de inteligencia. Si los filtros hubiesen funcionado, las alarmas habrían sonado cuando se le permite la entrada  a la base española a una persona detenida por vínculos con los talibán y con un AK47 en el asiento del copiloto. Es absolutamente demencial.

Ahora, disfrazados

Algo similar les ocurre a los norteamericanos, mucho más acostumbrados a los giros de tuerca que dan los suicidas para colarse en las bases y reventar las cargas explosvias que llevan adosadas al cuerpo. Lo saben bien desde que un informador de la CIA, médico de profesión, detonó una bomba mientras se reunía con agentes de los servicios secretos norteamericanos. Desde entonces, el celo con los ‘colaboradores’ es máximo: todos pueden ser agentes dobles.

Suicidas con uniformes de los Marines

La última técnica que han puesto en marcha los terroristas en Afganistán pasa por disfrazarse. No es nuevo, los alemanes se disfrazaban de norteamericanos en algunas operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial. En el caso de los talibanes, el uniforme de los Marines les permitió acercarse a una base norteamericana y detonar sus cargas. Alguien les vió, sospecho, y abrieron fuego contra ellos, frustrando su misión.

En los momentos más críticos es cuando se agudiza el ingenio. Y los talibanes lo están haciendo. No hay que descartar que a partir de ahora veamos este tipo de estrategias -u otras más originales aún- para golpear a las tropas occidentales desplegadas en Afganistán. Y más cuando saben que la misión de la OTAN tiene caducidad: 2011. Sólo les queda un último esfuerzo y podrán vender su victoria, igual que lo hicieron cuando se retiraron los sovieticos en los ochenta. La historia se repite…

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