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Óscar Vega es el bombero que sale en primer plano en esta fotografía, que ha sido galardonada con el Pulitzer 2011 en la categoría ‘Imágenes Noticiosas’. Vega, de 32 años, recordaba aquel 14 de enero de 2010 que habían conseguido resctar a este niño haitiano de 2 años escavando entre los escombros con sus “propias manos”, ya que el equipamiento técnico aún no había llegado desde España. Carol Guzy, fotógrafa del Washington Post y de la agencia Asocciated Press, firma la instantánea.

Enhorabuena al leonés Óscar Vega y a sus seis compañeros que fueron desplegados en Haití por aquel devastador terremoto.

Más info: la crónica de EFE en la que se relataba el suceso.

Es una fotografía impactante. Digna de un World Press Photo o cualquier otro galardón de primer nivel. Por su técnica y por la historia que cuenta: la de Fabienne Gismar, una adolescente de quince años que cometió el error de sumarse a las hordas de saqueadores que ‘devastaron’ Puerto Príncipe, capital de Haiti, tras el terremoto de enero de 2010. Cuando volvía a su hogar portando unos pocos cuadros que robó de una tienda de decoración, la policía -que había recibido orden de disparar contra cualquier saqueador- abrió fuego y una bala acabó con su vida. La imagen la firma el fotoperiodista (¿sueco?) Paul Hansen, quien por aquel entonces trabajaba para la agencia Reuters.

La foto sería una más entre la vorágine de imágenes de tragedias, desastres, muertes y llantos que llena cualquier exposición de fotoperiodismo actual. Una más, quizás con vocación de ser recordada más que otras, pero una más. Si no fuera porque tiempo más tarde conocimos esta otra fotografía, que redimensionó el impacto de la primera.

En esta otra imágen pueden verse los momentos posteriores a la muerte de Fabienne, cuando media docena de fotógrafos se afanaban en conseguir la instantánea más perfecta. Correciones de luz, mejores encuadres… aquellos fotógrafos estaban allí porque aquel momento olía a premio. Al menos, eso es lo que dicen quienes se muestran un ‘poco’ críticos con esta fotografía. Quienes se muestran críticos de verdad no les llaman fotógrafos, les llaman ‘buitres’ que han hecho del sufrimiento humano el fruto más fértil de su trabajo.

Sin embargo, yo no lo tengo tan claro. Ellos, los fotógrafos, siempre alegan que están contando una historia. Hace 5 años, yo trabajaba en un pequeño periódico de provincia. Tuve la oportunidad de entrevistar a seis fotoperiodistas -as, chicas- que habían ido a Gijón a presentar una especia de cooperativa de freelances. Allí estaban la polaca Justyna Mielnikiewicz, la iraní Newsha Tavakolian, la brasileña Marizilda Cruppe, las francesas Bénédicte Kurzen y Agnés Dherbeys, y la española Lourdes Segade. Entre todas, han cubierto casi la totalidad de los conflictos armados de la última década. Ahora, todas ellas tienen ya un nombre reconocido en el mundo del fotoperiodismo, e incluso algunas de ellas tienen un World Press Photo en su casa como Dherbeys. Salió el tema del sufrimiento humano y la fotografía. Cruppe me contó una historia que me impactó y, en aquel momento, me convenció.

Esta brasileña me contó que uno de los momentos más duros de su carrera se lo encontró en África (no recuerdo el país), donde presenció como un niño fue herido de muerte durante unos disturbios. Yacía en la calle, y Marizilda le hacía fotos mientras un grupo de personas trataba inútilmente de salvarle la vida. Le pregunté que qué se siente en ese momento, y me fue clara: “ese niño iba a morir, y me preguntaba qué hacía yo allí, esperando a fotografiarle. Pero entonces fui consciente de que estaba contando una historia de la que él era la víctima y yo su narradora, una historia que debía ser contada”.

La historia de Fabienne va en la línea de lo que me contó aquel día Marizilda. Siempre que veo una de estas fotografías recuerdo aquellas palabras.

Por otra parte, también es cierto que muchas de esas imágenes que hemos visto a lo largo de decadas se han convertido en iconos de una lucha o denuncia social concreta, y cuyo impacto en occidente consiguió la movilización social necesaria para cambiar, aunque fuese sólo un poco, la historia. Hablo de aquellas fotos de la ejecución de un vietnamita en plena calle de Saigón, aquellos niños quemados por el napalm norteamericano en la selva, o el niño -que no niña- acosado por un buitre mientras agoniza por la hambruna -recomiendo leer ‘Carter no se suicidó por esta foto’– …

Yo, por mi parte, sigo sin tenerlo claro…
PD: El mismo día que la prensa internacional publicaba las crónicas de la muerte de Fabienne, también se informaba del hallazgo entre los escombros de un niño de siete años vivo, que había pasado sepultado más de ocho días. En los momentos felices también hay fotógrafos. Ambas instantáneas son dos trozos de la realidad de aquel momento. Pero ésta no creó debate…ni tampoco ganó premios.



Wikileaks, la palabra de moda. La plataforma creada por Julian Assange ha puesto patas arriba a la inteligencia y a la diplomácia de la única superpotencia mundial. La última de esta máquina de scoops, revelar miles de documentos sobre cables entre embajadas norteamericanas. Y a diferencia de la poca información que se ofreció sobre España en las últimas desclasificaciones, en ésta Madrid es una de las más recurrentes. Y no nos dejan en buen lugar.

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El periodista, cooperante y activista español -y asturiano- Alberto Arce, es un viejo conocido del Gobierno israelí. De hecho ya ha sido deportado en alguna ocasión. Leo en Internet una entrevista al portavoz de prensa de la embajada israelí, Edwin Yabo, en la que califica a Arce como “activista pro Hamas”. Arce pertenece a la organización ISM, que apoya a la población civil de Gaza. Desde varias páginas de ultraderechistas y extremistas judios -casi todas ellas norteamericanas- “invitan” al ejército de Israel a acabar con la vida de Arce y el resto de cooperantes.

La integridad física de Arce ya no está asegurada. Esperemos que no le pase nada, ya que hasta ahora es el único español que puede infromar desde la Franja -además del periodistas argentino que trabaja como enviado para COPE-. Antonio Masip, ex alcalde de mi ciudad natal -Oviedo- le ha pedido a Arce que vuelva a España. Esperemos que los peores temores no se cumplan. Desde aquí, suerte Alberto.

Dentro de muy poco, van a cumplirse nueve meses desde que me fuera concedido el honor de publicar una carta en el diario El Mundo. En aquellos momentos, el mundo se desangraba contemplando la incesante lluvia de bombas en Beirut y en el resto del Líbano. Como se acerca la fecha de la salida de cuentas de este pequeño “embrión” periodístico, he decidido colgarlo aquí para ver en que medida me encontraba en lo cierto.

Israel debe controlar su gran maquinaria bélica

Sr. Director:

Israel demuestra estos días que posee una poderosa apisonadora bélica. Y, efectivamente, tiene efectos psicológicos y disuasorios, sólo hay que observar que Siria no ha dicho ni pío en todo esto, ya que se encuentra bajo la amenaza de ser el siguiente. Con un bombardeo indiscriminado seguramente se puede acabar con Hizbulá. Se puede descabezar su cúpula, destrozar su infraestructura… Pero hay algo que parece que los israelíes no quieren o no saben comprender: están destrozando el futuro de una sociedad y de un país, inutilizando su tejido industrial y su estructura básica y, por consiguiente, su economía.

Pensemos en el Líbano dentro de 12 meses. Pese a todas la ayudas internacionales, el país tardará años, incluso décadas, en volver al estado anterior a esta crisis. El resultado, cientos de miles de desplazados, pobreza en algunos casos extrema, economía débil -lo que conlleva a un gobierno igualmente débil- y todo esto se convierte en un verdadero caldo de cultivo del fundamentalismo y del terrorismo. Miles de niños que cambian el colegio por el deambular diario por los campos de refugiados, donde no tardarán en ser pasto de algún grupo integrista que les animará a convertirse en luchadores por la causa de Alá. Y como el Gobierno es débil, quién sabe si con el tiempo estos movimientos llegarán a tener representación oficial dentro de él, o llegarán a hacerse con el poder de forma absoluta.

No son elucubraciones gratuitas, es la cruda realidad que vemos día a día en Palestina, donde el continuo machaque de la maquinaria bélica israelí genera al año cientos de miles de refugiados, que han perdido su hogar por la contingencia del estado judío.

Ahora están gobernados por Hamas, ahora estan bajo el yugo del islamismo más radical. Y están ahí gracias al apoyo de toda esa gente que se ha quedado sin futuro. Y claro, los problemas crecen. Y crecen para Israel. Con las bombas solo se generan más bombas. Con muertos, más muertos. Israel está cavando su propia tumba.

Pelayo Barro Fernández. Asturias.

A día de hoy, creo que no me he equivocado.

Estados Unidos sigue conmocionado por la masacre en el campus de la Universidad de Virginia, donde fueron asesinados 33 estudiantes en otro “American History”, como denominan en el país anglosajón a estos episodios de terror en las aulas.

Sin embargo, prefiero obviar los detalles de la noticia y centrarme en exclusiva en algo que me ha llamado notablemente la atención. Y es que la mayoría de la información que ha llegado a los medios sobre el asunto ha sido a través de la blogosfera. De hecho, las primeras imágenes fueron obtenidas por un estudiante del Virginia Tech con su teléfono móvil -aunque fueron vendidas desde la CNN como “imágenes en directo”-.

Ya vivimos algo parecido con los atentados de Londres del 7 de julio de 2005, cuando miles de ciudadanos enviaron vídeos y fotografías desde el interior de los túneles de metro. En esta ocasión, hemos sido testigos de un ejercicio de periodismo ciudadano en toda regla. Han sido personas comunes, estudiantes, los que han contado a los medios lo que ocurría y en el momento en que lo hacía. Y los medios, a nosotros. Pero para mucha gente ya no ha sido necesario entrar en medio alguno, o sintonizar un canal de televisión. Basta con entrar en YouTube y ver la cantidad de vídeos que han sido colgados por estudiantes del campus.

Para los que no lo conozcan, Flickr es una web en la que cualquiera puede colgar sus fotos, como si se tratara de un youtube de instantáneas. A esta hora, hay cerca de 7.000 fotografías de la masacre, realizadas por personas no profesionales -o al menos en su mayoría-.

Testigos de primera mano, los bloggers de la Virginia Tech han ido relatando desde primera hora los hechos. Han sido los primeros en publicar nombres de personas fallecidas. Destacan, entre todos ellos, el Bryce´s Journal y  el escalofriante testimonio de Paul -no trascienden más datos- en LiveJournal.

Y mientras, ¿qué debemos hacer los periodistas?, ¿cuál es el papel que nos depara el futuro? ¿el de meros altavoces? ¿o es que aún queda algún resquicio para nosotros entre las redes de información? El periodismo no es, para nada, tal y como yo lo conocí hace cinco años, cuando decidí que esto era lo mio. El periodismo es actualidad, la actualidad, noticias. Y ese monopolio ya no nos pertenece. Ahora me he convencido de que todos somos potenciales periodistas. La única opción que nos queda es tragarnos nuestro orgullo y hacer caso a Julio César: “Si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”.